martes, 6 de diciembre de 2011

ALMENDRADO.

Me gusta pensar que por muy alto que vueles nunca hay que perder de vista el suelo. Con 'R.I.P.' el último tebeo de Felipe Almendros, he tenido esa sensación. El despliegue formal que ejecuta Almendros se clava firmemente en los momentos de una vida, de un espacio. La vida, la del propio autor; el espacio, Badalona, su barrio. 'R.I.P' es un cómic de vanguardia, y es un cómic de vanguardia hecho aquí. Son dos cosas que hay que agradecer, nenes.

'R.I.P.' es un tour de force artístico y vital. Un tebeo sobre la muerte y sus resonancias, emparentado lejanamente con 'Special Exits', la obra maestra de Joyce Farmer, un diario desnudo que no debe tomarse por un manual. Cada uno se enfrenta a la pérdida como puede, no hay recetas mágicas. Almendros tampoco ofrece la suya, sólo nos cuenta qué le ocurrió tras el fallecimiento de su padre. Una tormenta emocional aliñada con un proceso de agorafobia y el cáncer de su hermana. Sin embargo, el propio Almendros nos revela en la contraportada del libro que la asunción de esos "problemas reales", tangibles, palpables, era el paso necesario para seguir viviendo. Para afrontar el futuro, ese horizonte que  con frecuencia dejamos que sea sepultado por nuestros recuerdos. De hecho, Almendros le da la vuelta a la tortilla y se vale precisamente de esos recuerdos para vislumbrar el horizonte del que os hablaba. Al representarlos, los convierte en un eterno presente más allá de su memoria. Los reconstruye, los entiende, los asume y se dirige hacia lo inexplorado, lo que está más allá del libro. La vida.

Y lo hace dibujando un tebeo, insisto. Una novela gráfica avanzada, deslumbrante, construida con voluntad, sin reglas formales más allá de una pulsión artística emparentada con el arte outsider, con ecos del colorista manejo de las formas de los Imagistas de Chicago. Almendros crea nuevos espacios en sus páginas, alejándose tanto como puede de la construcción tradicional de una página de cómic. Un lugar donde el término 'narrativa' se revela vergonzantemente literario para un arte icónico. Y sin embargo, estamos leyendo un cómic. Nuevo y resplandeciente. Pero cómic.

Y español. Y de Badalona. Y con dos cojones.