viernes, 14 de octubre de 2011

NEED YOUR LOVE TONIGHT.

Hay un lugar común muy transitado cuando se habla de Daniel Clowes que me irrita bastante, una idea que sobrevuela por las limpias mentes de un sector de lectores (de aquí y de allá) que no tolera las manchas. Es muy sencillo, Clowes en un misántropo, un amargado y su visión del mundo es pesimista y oscura. Algo que, como todos sabemos, está mal, porque los tebeos tienen que entretener y ofrecer evasión, un refugio de fantasía prístina que blablabla, etcétera.

Hace poco que he leído 'Mr Wonderful', el último tebeo de Clowes, una 'actualización' corregida y aumentada de la versión on line que se publicó en 2008 en The Funny Pages, el suplemento tebeíl del NY Times. La historia es sencilla, un cincuentón tiene una cita a ciegas (preparada por unos amigos) con una chica que resulta ser un encanto. Pasan unas movidas y bueno, ese es el tema. Emocionante, ¿eh?

Pues claro que lo es.

Quizás es el Clowes más cercano que he leído nunca. Entendedme, es genuinamente americano, como siempre, pero bueno, es que esto es una historia de amor universal en cinemascope. El formato apaisado del libro, enorme, consigue que la trama adquiera su verdadero tamaño, que es, en definitiva, el de la vida. Porque la vida es grande, amigos, aunque hablemos de cosas pequeñas. Nunca lo olvidéis.

Aquí enlazo con lo que os contaba al principio. Marshall, el protagonista de 'Mr. Wonderful', se nos presenta tenso, un poco cabreado, a la defensiva. Pero es que acaba de pasar un divorcio doloroso, tiene esa edad en la que se le empiezan a ver las orejas al lobo, y, por amor de Dios, su cita a ciegas no aparece por ningún lado. No me digáis que es una situación divertida. Y entonces, como haría cualquiera de nosotros, Marshall piensa. Piensa mucho, muchísimo, todo el cómic está plagado de sus ideas, de sus percepciones, todo lo que se cuenta pasa por él. Y como nos pasa a todos, no todos sus pensamientos son alegres.

Pero eso no es malo. Tan sólo es real. Supongo que pilláis por dónde voy. Y es por eso que, sobre todo, Marshall no quiere estar solo. Desea que el plan salga bien, que, por encima de todo, este embolado sirva para algo. Quiere amar, cojones, vivir. Eso nubla la vista. A todos nos pasa. Y, maldita sea, no me digáis que no.

Venga, ahora decidme que Clowes es un amargado, que seguiré sin creérmelo. No, amigos, lo que le pasa a Clowes, es que está vivo.





1 comentario:

fnaranjo dijo...

Bien visto y bien dicho, sí señor.