lunes, 1 de agosto de 2011

JACK.

Mirad, el asunto es éste
Bueno, pues os voy a contar una historia. Venga, escuchadme.

En los años 30, Duke Ellington tenía la mejor big band del momento. Los contratos llovían. No paraba de componer y actuar. La época dorada de las orquestas duró hasta mediados de los 40, cuando el bop se impuso y los gustos del público cambiaron. Las big bands, tan caras de mantener, se disolvieron como azucarillos en el agua.

Tiempos duros.

Sin embargo, Ellington era autor. De temas de éxito. De temas de tanto éxito que generaban miles y miles de dólares en royalties. Dólares que le sirvieron para mantener viva su banda, ajena a las veleidades de la moda durante décadas, hasta su muerte. 

Temas de éxito, os digo. Canciones que no han dejado de sonar (y reinterpretarse) desde que fueron compuestas.

Thor, el Capitán América, Hulk, la Patrulla-X, los 4 Fantásticos.

El Duque pudo firmar contratos que le permitieron percibir el pedazo de pastel que él mismo se había encargado de hornear.

Pero, lamentablemente, el Rey no tuvo esa opción. Y al final, todo es así de sencillo.

Y de triste.